sábado, 29 de noviembre de 2008

LA COLECCIÓN NO OFICIAL DE QUEEN (Segunda parte)

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Ese viaje al Norte de febrero de 1995, aparte de dejarme huellas inborrables en forma de recuerdos, me hizo construir una "música de fondo" que es Queen. Y la música se convertiría de ahí en más en mi compañera más fiel de esos años, junto a la soledad de ser un niño extremadamente reservado.

Así es, estuve varios años de paseos y escuela (y luego, liceo) con el "personal stereo" a cuestas. Y un par de casetes de Queen. De hecho, casi no escuchaba otra música. Esos años son los de desconexión con programas musicales de la televisión y de la radio. Todo fue Queen.

Para el año de 1995 yo cumpliría 12 años y pasaba a 7º básico.


Uno de los primeros recuerdos de ese estilo fue el viaje en bus en el que partimos del terminal centro de Santiago para llegar a Antofagasta, y de ahí, a las playas de Mejillones. Era de tarde. Había una hermosa brisa y un sol que relucía en ese cielo azul. Yo asomaba mi cabeza en la ventanilla del bus (era de los viejos buses de la línea Flota Barrios, en los que podías sacar la cabeza). Recibí un folleto en plena Panamericana (no existía la Autopista Central) de manos de una hermosa niña de cabello castaño claro. Yo, coqueto, sonreí cuando ella -con seis o siete años más de edad- me piropeaba los ojos verdes. Y la cinta otorgaba a mis oídos los sonidos potentes de Keep yourself alive, del disco Queen.

Ya de vuelta a Santiago, mi -en ese entonces querido- abuelo Rubén me regala -luego de un cateteo por parte mi madre- el 19 ó 20 de febrero el disco Innuendo. Yo era feliz, pese a que debía ser al revés la cosa, pues el viejo estaba de cumpleaños el 21. La ilustración de su portada con este loco jugando con los mundos hacía olvidar cualquier otro acontecimiento familiar.


De vuelta el Magallanes la colección de discos de Queen siguió su curso. Conseguí ese año álbumes como The game y el invaluable A night at the opera.

Con The Game me gané una de las primeras culpas. Mi padre me alegaba que no había plata y que, además, no me compraban ropa por darme para las famosos casetes.
Tenía pirateado el Lado B de ese album gracias a un amigo de infancia, Marcelo, quien se lo consiguió a través de su tío. ¡Y era original de la época! No me cedió el original, pero me dejó grabarlo. No obtuve el Lado A pues estaba grabado encima (¡típico problema con los casetes!). Aún así, le pedí a mi padre, quien iba a viajar solo a Punta Arenas, que me comprara música de Queen ¡... y le di una lista de los que me faltaban!

¡Ahí supo mi pobre padre que Queen tenía a la fecha 19 discos de los cuales yo tenía menos de diez (y eso que no coleccionaba los discos 'en solitario')!

Igual llegó con The game en sus manos. Era de la versión remasterizada de 1994, con letras de canciones y todo.


A night at the opera fue, en ese sentido, menos problemático. Fue un regalo comprado por mi madre (sin pedirlo creo, cosa que salió como $5.000), como casi todos los discos, en la bella Punta Arenas. Contenía letras de canciones, aparte de esos exquisitos detalles barrocos. ¡Y estaba en él Bohemian rhapsody y su letra!


Ese difícil año -en el sentido social (estaba bastante 'a-social') y académico- vino un regalo de lujo: el libro Queen. Entre el amor y la muerte, la versión española y mi primer video, Greatest Hits I, con su portada rosada y el escudo más tardío de la Reina. El libro costó $10.000 de la época y el video algo por el estilo. Para ese entonces, contaba además con mi primer libro: una revista argentina con un especial de Queen, que costó 2.000 ó 2.500 pesos.

A fines de 1995 se vino la bomba: Queen lanza al mercado su vigésimo disco, Made in heaven. Era la primera vez que salía un disco desde que era fan. Tenía la particularidad de las famosas interposiciones entre la voz del fallecido Freddie y la música del resto del grupo. Además, se lanzaba con singles y todo, como "Heaven for everyone" y la versión de Fred de "Too much love will kill you". Tendría que esperar un año para adquirirlo.


El año 1996 fue igual de productivo.


Recibí los álbumes A day at the races, Flash Gordon y el citado Made in heaven.


A day at the races fue otro show. Estábamos en Punta Arenas y mis padres querían comparme ropa nueva (¡LA del año!). Yo deseaba, como era natural, un casete de Queen. Y hubo pelea y algún que otro reto. Al final, debido a mi tozudez al elegir ropa (a todo le decía que no me gustaba), me dieron la opción de que si me compraba ropa, me comprarían el famoso disco negro. Acepté gustoso. Creo que fue el disco más caro que compré: 6.500 pesos aproximadamente.

El disco proveniente de la película de Dino de Laurentiis -Flash Gordon- llegó también en un viaje a Punta Arenas, pero de sorpresa. Me lo compraron mi madre y mi hermana mientras salieron a hacer algunas compras llegaron con el casete de portada amarilla, por sólo $1.900. Y claro, estaba en la sección 'Películas' de la "Artecor".


El reciente Made in heaven fue adquirido por la vía de los contactos de mi padre con concriptos. Así, lo pirateamos. Yo quería tener la inolvidable portada...

Ya para ese entonces había conseguido varios 'posters' (algunas de manos de compañeros de escuela) e incluso mi madre me hizo dos poleras artesanales de Queen. La primera era una polera blanca que ella decoró con el diseño de rostros y letras del disco Queen II; la segunda, una polera negra en la que le estampó un paño rojo con el escudo del mismo album, trazado en negro con pintura de género Artel. ¡Qué consentido!


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