La colección estaba terminada casi terminada, pero faltaba el peso pesado, el más difícil de conseguir: Live Killers.
Lo busqué y lo busqué, sin suerte. Me aconsejaban amigos y familia que accediera a comprarlo en CD, que sí había opción. Me negué rotundamente. Iba a terminar la colección como sea.
En enero del año 2003, luego de un complejo año universitario, estaba nuevamente en Magallanes.
¿Y quién más que Magallanes me daría la sorpresa? Estábamos en Punta Arenas por trámites míos de permanencia en la universidad (sí, lo pasé mal) cuando mi padre nos regala a mi hermana y a mí la suma de $10.000. ¡Era harto todavía diez lucas!
Ese día 20 de enero, en un paseo por la calle Nogueira, antes de llegar a Errázuriz, me topé con una tienda de libros viejos y cosas varias. Y casi me meo cuando veo entre uno de los casetes usados uno de los discos de Live Killers. Le pregunté al dueño de la tienda que si podía buscarme el otro casete: él me dijo que podía estar en unas cajas y que volviera mañana. ¡Y al día siguiente nos volvíamos a Porvenir! Yo le rogué que lo buscara porque no iba a haber "mañana". Él se dio la paja de hacerlo, y no a mucho andar, encuentra el otro volumen del famoso disco en vivo de Queen.
¡Lo había conseguido luego de casi 9 largos años!
Tras las tristezas de los problemas universitarios, un regalo divino, sólo comparable a lo que iba a experimentar cinco años después, vale decir, en el año 2008. Pero es otra historia.
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